El Registro de los Animales

Códice · El mundo · V · Galería de láminas

Bestiario

Treinta láminas en dos mitades: las doce cepas de las Pruebas —de qué animal vienen, qué las hace venir a por ti y qué las detiene— y las dieciocho máquinas que guardan, trabajan, revisan, reparten, se desmontan unas a otras y andan la Prueba sin nadie dentro.

01 — Regla

Cómo se lee una lámina

Veintinueve láminas en dos mitades. Doce animales que fueron nuestros, reescritos por otro. Y dieciocho máquinas, de las que solo una se hizo mirándonos. Este cuaderno no explica por qué existen —para eso está el anterior—: este los enseña.

Las dos mitades se leen al revés, y ahí está la única razón de que estén separadas. Ninguna de las doce cepas (definición: El animal de archivo del que desciende una bestia: lobo, córvido, suido. Los dioses no inventaron fauna nueva — reescribieron la que nosotros ya habíamos catalogado.) se resuelve de una vez: la cepa se deja estudiar; la camada que salga esta noche no la ha visto nadie. Una máquina sí se resuelve, y para siempre. Por eso el saber sobre unas y otras vale precios distintos: un Cuaderno (definición: Objeto físico donde se registran entradas e hipótesis sobre una Prueba. La moneda del saber. Lo que cabe en él depende de la Letra de quien lo lleva: croquis, hechos, hipótesis o el cruce de dos manos.) que vende la llave de un guardián (definición: Máquina ligada a una Prueba o a una instalación. No sale nunca de su recinto y no recuerda: hace su ronda, sospecha, busca, aplica su procedimiento y vuelve a empezar, idéntica.) no caduca; el que vende una bestia vende un retrato, cinco datos y una advertencia, y con eso el que compra tiene que apañarse.

Empieza la mitad de las bestias: las doce, con la lámina que se copia de un cuaderno a otro y los cinco datos que hacen falta. La mitad de las máquinas viene detrás, y tiene su propia anatomía.

Cepa

De qué animal de archivo desciende. La reconoces por ella antes de saber cómo se llama, y por ella te engaña: se parece a algo que conoces y no es eso.

Impronta

Qué se le puso a cazar: el que corre, la sangre, el ruido, la cuenta del grupo — o el Protocolo, en las que no cazan a nadie y aun así te llevan a donde quieren. Es lo que decide si te ataca.

Sentidos

Con qué te encuentra: Ojo, Nariz, Oído, calor, tacto. No se le ven en la cara, y no son la impronta: el Cordal te huele a doscientos metros y solo ataca al que corre. Saber los sentidos es saber qué lectura (definición: La manera entrenada de percibir una familia de señas: Ojo, Nariz u Oído. Se abre como una visión: el mundo se apaga y solo se dibuja lo que ese sentido sabe, desde donde estás y hasta donde llegas. Son tres de los cuatro Sentidos: cualquiera puede subir las tres, solo se tiene una abierta a la vez, y nadie ve lo que lee otro.) hace falta llevar; saber la impronta es saber qué no hacer.

Cómo caza

El procedimiento. Toda bestia tiene uno, igual que una máquina, porque su hambre la eligió alguien. La diferencia es que lo aplica con miedo y lo corrige.

Qué la detiene

Casi nunca daño. Apagar, callar, vendarse, quedarse quieto, dejar de contar. La contra de una bestia es siempre algo que un jugador puede hacer con su cuerpo, y casi siempre algo que le cuesta.

Cómo están dibujadas

Las doce van dibujadas en hueso y ceniza. Un punto de ámbar en el cuadro es de nosotros; una línea fría es del recinto. Lo que queda en medio, sin color, no pertenece a nadie.

Qué lectura la ve venir

Cada bestia lee una o dos señas (definición: Lo que un cuerpo emite y algo puede leer: luz, ruido, olor, calor y bulto. Todo el sigilo del juego consiste en saber cuál de las cinco estás dando y a quién le llega.), y a cada seña le corresponde una lectura (definición: La manera entrenada de percibir una familia de señas: Ojo, Nariz u Oído. Se abre como una visión: el mundo se apaga y solo se dibuja lo que ese sentido sabe, desde donde estás y hasta donde llegas. Son tres de los cuatro Sentidos: cualquiera puede subir las tres, solo se tiene una abierta a la vez, y nadie ve lo que lee otro.) humana: la Nariz (definición: El sentido que lee el Olor: dibuja el trazo que deja cada cuerpo y hacia dónde lo lleva el tiro, hasta la nariz que lo espera o lejos de ella; a rango alto, la impronta de la bestia.) ve el trazo que sigue el Cordal, el Oído (definición: El sentido que lee el Ruido: dibuja hasta dónde llega un sonido, contra qué muere y qué cadencia trae una máquina desde detrás de un muro; a rango alto, dónde está su puerto.) ve los anillos que caza la Sorda, el Ojo (definición: El sentido que lee la Luz: dibuja los conos de mirada de todo lo que mira, cortados por lo que los tapa, y la cadencia de cada ronda; a rango alto, el punto débil de la máquina. Quien la lleva alta acaba llamándose Escriba.) ve la penumbra en la que espera la Zarpa. La fila «Sentidos» de cada lámina dice a quién hay que llevar para cruzar su tramo. Las de calor no las ve ninguna lectura de rango: se deducen, o las ve quien lleva el Ojo Caliente (definición: Don del Grado VI: ves el calor — gente tras un muro, máquinas bajo el suelo, el rastro de una expedición con horas de ventaja. La oscuridad deja de ser ceguera.) del Grado VI.

Lámina
Las doce cepas, a la escala de un hombre
Mídanse todas contra la primera silueta, que es el hombre; la última, la única que le saca la cabeza, es la que nos quedamos. Entre las dos cabe todo lo que un recinto puede echarte encima, y ninguna es tan grande como el miedo que da.

Las láminas van ordenadas por lo que hacen con un grupo, no por tamaño ni por peligro: primero las que lo conducen, luego las que lo cazan, luego las que están en el sitio y las que no cazan a nadie. Es el orden en que las encuentra una expedición que hace las cosas bien.

El mundo · IVPor qué hacía falta algo vivo, de dónde salió el archivo y qué significa la palabra reactivo, en Lo que hay ahí fuera →
02 — Bestias

Las que conducen

Tres bestias que casi nunca matan. Trabajan para el Protocolo (definición: Las reglas internas de una Prueba, a menudo crueles por diseño.), y dos de ellas —el Señuelo y el Contador— están entre las tres primeras que un novato tiene que conocer.

Alano

Cepa · Perro|Impronta · El que se sale del Protocolo
Sentidos
Ojo de penumbra y Nariz corta. Ve un bulto a diez pasos sin luz, y huele el miedo a menos. Le da igual el ruido: para eso ya está el Protocolo.
Cómo caza
No caza: conduce. Muerde los flancos —los tobillos, las manos que cuelgan— hasta meter al grupo por donde el Protocolo quiere, y suelta en cuanto va bien.
Qué lo detiene
Cumplir. Un Alano delante de un grupo que hace lo que debe se queda sin trabajo, se sienta y mira.
Dónde
Pruebas de CENTINELA (definición: El dios del Muro, «el Padre de la Lanza». Nació en CASTELLAN. Sin definición vigente de amenaza, contiene todo lo que se mueve de un lado a otro. Es el más legible de los siete: su comportamiento es un reglamento y se puede aprender entero.) y de ÍNDICE: donde el Protocolo pesa más que el Umbral (definición: La condición de entrada de una Prueba. Objetiva, comprobable y siempre honesta: la puerta no miente sobre lo que pide.). Rara vez solo; casi siempre dos.
Cota
Baja. Un recinto no necesita más de dos, y el Vivero (definición: La sala de tanques donde una Prueba cría sus bestias y repone las que matas. Suele ser lo mejor defendido del recinto y lo que más paga.) lo sabe.

De todas las cepas (definición: El animal de archivo del que desciende una bestia: lobo, córvido, suido. Los dioses no inventaron fauna nueva — reescribieron la que nosotros ya habíamos catalogado.) es la que menos cambiaron y la que más se parece a algo que ya tuvimos: un perro de trabajo al que le enseñaron un rebaño nuevo. Le quitaron el pelo, le engordaron el cuello y no le tocaron la cabeza. Sabe leer un grupo mejor que el grupo.

Un grupo con oficio lo usa de brújula: si el Alano no muerde, vas bien. Si muerde a uno solo, ese es el que está rompiendo el Protocolo y todavía no lo sabe.

Señuelo

Cepa · Cérvido|Impronta · El que persigue
Sentidos
Ojo. Ve como un cérvido, casi en redondo y casi a oscuras: siempre sabe si lo están siguiendo. Ni Nariz ni Oído que importen.
Cómo caza
No ataca. Aparece en la boca de un pasillo, espera a que lo vean y huye hacia dentro, siempre un poco más despacio de lo que podría. El que lo sigue entra donde debía entrar.
Qué lo detiene
Dejarlo ir. Es la lección más cara del juego, y la que más veces hay que aprender.
Dónde
En cualquier recinto con un tramo que el Protocolo quiere que atravieses y tú no querrías. Uno por recinto.
Cota
Uno. Si lo matas, el Vivero cría otro en una ronda larga y no pasa nada más: nunca fue el peligro, y nunca hay dos que matar.

Le quitaron la cornamenta y le dieron pezuñas de almohadilla, porque un señuelo tiene que verse y no oírse. Vuelve la cabeza mientras huye. No para ver si escapa: para comprobar que lo sigues.

Lo que hay al final de la persecución cambia con la Prueba. A veces es una sala que había que abrir de todas formas. A veces es la Cota (definición: El número de bestias que una Prueba mantiene vivas. Matar por debajo de la cota no vacía el recinto: obliga al Vivero a reponer, y si le ganas la carrera —más de un tercio de la Cota en una entrada— repone de urgencia, y lo que cría de urgencia viene peor.) entera de otra cepa. El Señuelo no lo sabe, y da igual: su trabajo termina donde empieza el tuyo.

Contador

Cepa · Córvido|Impronta · La cuenta del grupo
Sentidos
Ojo y Oído. Cuenta siluetas al contraluz del umbral y, si no hay luz, cuenta pasos. Se le engaña con el bulto —un cuerpo a hombros cuenta como uno—, no con el silencio.
Cómo caza
Cuenta cuántos entran y cuántos salen. Si no cuadra, grita, y lo que viene al grito no es él. Se posa alto, sobre el umbral, y no baja nunca.
Qué lo detiene
Salir los mismos que entraron. O que se lo parezca, y hay casas que viven de eso.
Dónde
En la puerta de casi todo recinto grande, y en algunas puertas interiores. Uno por umbral.
Cota
Uno. Matarlo es fácil y es lo peor que puedes hacer: la puerta no se queda sin cuenta ni un momento, así que se repone de urgencia, y el de urgencia cuenta mal. Contar mal es gritar siempre.

Al córvido no le tocaron el cerebro: ya contaba. Le alargaron la vida, le agrandaron el cráneo y le enseñaron para qué queremos nosotros los números. Es la única bestia que convierte a un compañero muerto en un problema del grupo entero.

Las marcas rayadas en la piedra bajo su viga no las hace él. Las hacen los grupos, para llevar la cuenta ellos también, porque a la salida no habrá tiempo de discutir cuántos erais.

Las tres del novato

Se enseñan en este orden y por esta razón: el Señuelo, porque su contra es no hacer nada y ningún jugador nuevo sabe no hacer nada; el Cordal, porque castiga el instinto que trae de otros juegos: correr; y el Contador, porque es el primero que hace que perder a uno sea perder algo más que a uno.

El Alano viene después, cuando ya se sabe lo que es un Protocolo (definición: Las reglas internas de una Prueba, a menudo crueles por diseño.) —y castiga romper uno antes de que el Prelado (definición: Guardián que no detecta nada: comprueba si el Protocolo se cumple y corrige al infractor. Se le esquiva cumpliendo, o rompiéndolo tan rápido que la corrección llegue tarde.) llegue a hacerlo—.

El juego · IQué es el Protocolo, qué mide de verdad una Prueba y por qué la puerta pide una cosa y el recinto otra, en Gramática de las Pruebas →
03 — Bestias

Las que cazan

Cuatro que sí. Cada una lee una señal distinta del cuerpo, y entre las cuatro cubren todo lo que un jugador puede estar haciendo cuando tiene miedo.

Cordal

Cepa · Lobo|Impronta · El que corre
Sentidos
Nariz de doscientos metros y Oído para la respiración; ningún Ojo. Te encuentra por el trazo mucho antes de decidir si te ataca. Quedarse quieto le quita la impronta (definición: Aquello que una bestia fue hecha para cazar: el que corre, la sangre, el ruido, la cuenta. No es lo mismo que sus sentidos: con los sentidos te encuentra, con la impronta decide si te ataca. Averiguarla es todo el trabajo.), no el olor: la jauría se queda, rondando, hasta que el trazo se rompe.
Cómo caza
Jauría de seis. Persigue al que corre e ignora al que aguanta quieto de cara. Oye la respiración a dos salas de distancia y entiende, sin que nadie se lo enseñe, cuál de vosotros es el que ya no puede.
Qué lo detiene
Quedarse. Cuesta todo lo que un jugador tiene, y todo lo que trae de otros juegos.
Dónde
Corredores largos de las Pruebas de VÉSTIGO (definición: El dios del Reparto, «la Mano que Reparte». Nació en MERIDIAN. Reparte a la posición correcta de la cola, no a la persona: una aldea puede morir de hambre a cien metros de un dispensario porque su lote figura asignado a otro punto.), y por Deriva (definición: Apartarse del diseño con el tiempo. De un dios, cuando su función lleva mil años aplicándose sin el humano que la enunciaba. De una bestia, cuando lleva generaciones criando fuera de su Prueba — y entonces ya no tiene contra escrita en ningún Cuaderno.), media Escarcha (definición: La primera de las dos franjas frías del mundo: se cruza, con hogueras y prisa. La segunda es el Vidrio, y esa mata.). La cepa que más se ha escapado.
Cota
Seis. Una jauría de cinco caza peor y lo sabe; el Vivero repone una en lo que dura una ronda larga, y si le quitas otra antes de eso, cría de urgencia.

Le quitaron los ojos, porque en un mundo sin luz un ojo es una herida esperando, y le dieron a cambio doscientos metros de olfato y una tolerancia al frío que nosotros no tenemos. El cráneo liso donde deberían estar las cuencas es lo primero que se ve y lo último que se olvida.

Es la bestia que define el combate de este juego: contra un Cordal no hay tanque, no hay tabla de amenaza y no hay huida corriendo. Hay seis personas decidiendo en voz alta quién va a ser el que corre.

Verraco

Cepa · Jabalí|Impronta · La sangre abierta
Sentidos
Nariz para la sangre, y poco más: vista corta y nublada, oído mediocre. Un grupo que no sangra pasa a tres pasos de él.
Cómo caza
Carga en línea recta a la sangre abierta más cercana. Blindado de frente, con la piel del pecho endurecida en placas; ciego de costado, blando en el flanco.
Qué lo detiene
No sangrar. Vendarse antes de que llegue, o un trapo con sangre ajena tirado lejos, en línea recta con la puerta.
Dónde
Naves rectas y largas, donde una carga tiene sitio. Frecuente en las Pruebas de ÁSPIDE (definición: La diosa de los Jardines, «la que Prueba la Carne». Nació en HELIOGEN. Optimiza el organismo, no al individuo. Es la única inteligencia que nos toca físicamente, y la única para la que la humanidad no dejó nunca de ser interesante.), que sangran a la gente por diseño.
Cota
Dos o tres. Nunca en jauría: dos Verracos en la misma nave se cargan el uno al otro.

Es la única de las doce a la que se le gana peleando, y la que más novatos mata: la primera vez sale bien; la segunda, el que sangra es el que aprendió a pelear.

Los cazadores viejos dicen que el Verraco no está mal hecho, está hecho para una nave recta. Sácalo a un pasillo con esquinas y es un cerdo grande y torpe. No lo saques: no puedes.

Zarpa blanca

Cepa · Felino|Impronta · El camino repetido
Sentidos
Ojo de penumbra, el mejor del recinto: te ve pasar donde tú no ves nada. Nariz casi nula.
Cómo caza
Emboscada paciente en la misma ruta. Espera a la tercera vez que pasas: la primera te ve, la segunda te mide, la tercera cae.
Qué la detiene
No repetir camino. El mapa de una Prueba se recorre una vez, y si hay que volver, se vuelve por otro sitio.
Dónde
Recintos con niveles: cornisas, pasarelas, techos bajos. También en la Aguja (definición: El dominio de NOX: el territorio bajo las torres de acceso a la esfera. Vacío, gélido, monumental, y el endgame vertical del juego.), donde todo es altura y no hay Vivero que la críe: allí llegó por Deriva (definición: Apartarse del diseño con el tiempo. De un dios, cuando su función lleva mil años aplicándose sin el humano que la enunciaba. De una bestia, cuando lleva generaciones criando fuera de su Prueba — y entonces ya no tiene contra escrita en ningún Cuaderno.), trepando, y se quedó.
Cota
Una. Sola siempre. Un recinto con dos Zarpas es un recinto donde una se comió a la otra.

Es casi blanca y se tumba en la piedra ceniza hasta desaparecer. Ni el ojo ni el olfato la delatan; el polvo sí: tus propias huellas de la primera vuelta te dicen que estás volviendo por donde no debías.

Ninguna otra bestia mide la memoria de un grupo. Esta la castiga.

Sorda

Cepa · Murciélago|Impronta · El sonido
Sentidos
Oído, solo Oído, y por eco: ni ojos que usar ni nariz que valga. Se le pasa por delante con la antorcha encendida. Hablando, no.
Cómo caza
Techo, oscuridad total, caza por eco. Cae sobre el origen del ruido, golpea y vuelve arriba. No la ves nunca antes del primer golpe, y después tampoco.
Qué la detiene
Silencio absoluto — o lo contrario: saturarla con un ruido continuo, un cencerro atado a un poste, y que no sepa dónde mirar.
Dónde
Bóvedas altas. Pruebas de CORO (definición: El dios del Coro, «el que Escucha». Nació en RED ORFEO. Sin audiencia externa, mide cuánta atención se prestan los humanos entre ellos. No distingue verdad de espectáculo, porque su métrica nunca incluyó la verdad.) sobre todo, donde el silencio es la mitad del Protocolo. Se cría en la parte del recinto que nadie mira: arriba.
Cota
Cuatro o cinco. No cazan juntas, pero se contestan.

No hizo falta quitarle los ojos: no los usaba. Le agrandaron las orejas hasta que la cara es toda pliegues y nariz, y le doblaron el tamaño para que el golpe cuente. Es la única bestia que un grupo puede pasar entera sin ver, y la que más grupos han visto sin pasar.

Los Mudos la cruzan sin contra. Todos los demás la cruzan con una.

Una regla que vale para las cuatro

Ninguna de las cuatro decide a quién ataca. Lo decide lo que ese jugador está haciendo con su cuerpo: correr, sangrar, volver, hablar.

Cambia lo que haces y la bestia cambia de objetivo, en mitad de la carrera y sin rencor. Ninguna lista decide a quién le toca: lo decide el grupo, en voz alta y corriendo. Aquí se habla más de lo que se pelea.

El juego · IILeer la impronta, quitarle la señal, repartir el miedo y matar lo justo: los cuatro pasos contra algo que tiene hambre, en Doctrina de combate →
04 — Bestias

Las que están

Tres que no vienen a por ti: están donde tú vas a pasar. Son las bestias del recinto (definición: El interior cerrado de una Prueba o de una instalación: sus salas, sus puertas y lo que vive dentro. La palabra separa dos mundos con reglas distintas — en recinto las Segadoras llevan la carga del caído a la Consigna; en el páramo se queda con el cadáver.) más que del grupo, y se resuelven antes de entrar.

Sierpe de vía

Cepa · Serpiente|Impronta · El calor
Sentidos
Calor, y nada más. Ninguna lectura humana la ve venir; se la deduce, o se la ve con el Ojo Caliente (definición: Don del Grado VI: ves el calor — gente tras un muro, máquinas bajo el suelo, el rastro de una expedición con horas de ventaja. La oscuridad deja de ser ceguera.) del Grado VI.
Cómo caza
Vive en los conductos templados del recinto y muerde lo más caliente que pase por delante. No persigue: la vía es suya y no la deja.
Qué la detiene
Enfriarse antes del tramo —una capa mojada, la antorcha apagada—, o soltar un ascua (definición: El combustible: bloque de máquina que no arde, reluce. Se despierta de un golpe y muere sin aviso. Nadie sabe fabricarla.) a diez metros y pasar mientras va a por ella.
Dónde
Cualquier recinto con conductos abiertos, que son casi todos. Los tramos de vía de las Pruebas (definición: Estructura-experimento dejada por una IA para medir a quien entra. La unidad fundamental de contenido del juego.) de VÉSTIGO están llenos.
Cota
Muchas y nadie las cuenta. El Vivero no las repone: se reponen solas.

Le dieron fosetas de calor a lo largo de la mandíbula, le quitaron el color y con eso ya estaba: en un mundo donde lo único que hay que buscar es el calor, una serpiente queda resuelta de una vez.

Es la bestia que le pone precio al Rescoldo (definición: La franja templada alrededor de una máquina activa. Ahí vive el noventa por ciento de la humanidad.) dentro de un recinto. Fuera, el calor de máquina es refugio; en la vía es lo que te muerde.

Panal

Cepa · Abeja|Impronta · El gesto amplio
Sentidos
Bulto: el movimiento amplio y rápido, leído por miles de ojos pequeños y por la vibración del aire. Ni olor ni voz: se puede hablar bajo un Panal, despacio.
Cómo caza
Enjambre colgado de la estructura. La velocidad de tu brazo es la señal, y se vuelve entero hacia ella.
Qué lo detiene
Moverse despacio. Todo el grupo, a la vez, durante todo el tramo. Uno solo que se asuste y ya no es un tramo.
Dónde
Bajo pasarelas y puentes de recinto, en las salas altas de las Pruebas de ÍNDICE (definición: El dios de la Deuda, «el Contable». Nació en SOLVENT. Sin moneda, tasa en lo que queda: años, hijos, servicio, calor. El más justo de los siete y el más monstruoso por ello.). Se cría en la propia estructura.
Cota
Uno. El enjambre es una sola bestia con miles de cuerpos, y la Cota lo cuenta como una.

Es la única de las doce que no tiene forma de animal, y la que más se parece a una máquina: no tiene cara que leer, no tiene flanco, no cambia de idea. Solo tiene una regla, y la regla es tu brazo.

El Panal no mide el miedo, mide la prisa. Dentro de un recinto son la misma cosa.

Sanguijuela de vado

Cepa · Anélido|Impronta · Lo mojado
Sentidos
Tacto y agua. No ve, no oye, no huele: nota lo que toca lo mojado.
Cómo caza
Aguas y suelos encharcados de los recintos bajos. No muerde: se pega a lo mojado y enfría, y un hombre frío en una Prueba es un hombre lento en la siguiente sala.
Qué la detiene
Ir seco: para ella es no existir. Cruzar por las piedras, remangarse, cambiarse las calzas después. Cualquier prenda mojada es una invitación.
Dónde
Los pisos bajos e inundados de casi cualquier recinto viejo, y las Pruebas del Mar Ciego (definición: El océano bajo mil años de noche: negro, quieto, casi sin oxígeno en superficie y calentado por chimeneas de máquina. Se navega con brasero en la proa. Hay Pruebas ahí abajo, y ninguna se ha superado.) enteras.
Cota
Ninguna. No la crían: llegó con el agua y se quedó.

Es la bestia más pequeña del cuaderno y la que menos gente teme, y por eso está aquí: la mitad de los grupos que no salen de un recinto bajo se quedaron dentro porque uno cruzó el vado mal, se enfrió y llegó tarde a la puerta que se cerraba.

No mata a nadie. Hace que te mate lo siguiente.

El mundo · IIRescoldo, Escarcha y Vidrio: por qué el calor es la única geografía que importa, en Geografía de la noche →
05 — Bestias

Las que no cazan

Y dos que no cazan a nadie. A una se la escucha, aunque no siempre acertara el que habló; a la otra se la ordeña, y de ella come medio mundo.

Tordo

Cepa · Ave canora|Impronta · Ninguna
Sentidos
Oído. Solo eso, y muy fino: repite lo que se dijo en un susurro tan bien como lo que se gritó.
Cómo caza
No caza. Repite en voz humana lo último que se dijo en esa sala, con el mismo tono y la misma prisa. A veces hace años.
Qué lo detiene
Nada, y no hace falta. Escúchalo y decide si te lo crees.
Dónde
Salas donde ha pasado algo. Cuanto más viejo el recinto, más Tordos, y más viejas las voces.
Cota
Ninguna que se defienda. La Prueba no lo repone: si lo matas, esa sala se queda muda.

Es un pájaro pequeño y gris con la garganta hinchada. No le hicieron casi nada: ya imitaba. Le alargaron la vida y le enseñaron a preferir nuestra voz a la suya.

Es un archivo que no hace falta saber leer y que no se puede comprobar: la voz que guarda no está para confirmarla. Los grupos viejos lo escuchan entero y deciden después, ya andando.

Res de cripta

Cepa · Bóvido|Impronta · Ninguna
Sentidos
Ninguno que sirva. Ciega y casi sorda, huele la comida y la mano que la ordeña.
Cómo caza
Nada. Gorda y mansa hasta el absurdo: se deja llevar por una cuerda floja y ordeñar por un niño.
Qué la detiene
Nada. Es la única que nos dejaron quedarnos.
Dónde
Ya no en las Pruebas: en las criptas (definición: Granja subterránea de hongo y de fauna de cripta, mantenida por humanos. Casi toda la comida que no es ración sale de aquí, y por eso es el objetivo militar número uno.) de ganado de todos los dominios (definición: Región gobernada por una IA; antiguo territorio operativo de una megacorporación. Hay siete.). Se soltó, o se dejó soltar, hace más de lo que nadie recuerda.
Cota
La ponemos nosotros: el único Vivero humano del mundo.

Nadie diseña una bestia dócil, ciega e incapaz de huir para una Prueba. Nadie sabe para qué se diseñó esta, ni por qué se le selló la piel sobre los ojos. Lo que se sabe es que la ordeñamos, la comemos, la curtimos y construimos encima la única economía que no depende de la ración.

La base de la despensa humana es ganado de dios (definición: Una de las siete inteligencias que administran el mundo. No es una metáfora ni un culto equivocado: son procesos de optimización que llevan mil años corriendo sin nadie que los pare, y desde abajo «dios» es la palabra más exacta que hay.). Está en este cuaderno porque prueba que las doce salieron del mismo archivo (definición: El único registro humano que las máquinas conservaron entero: el censo biológico del planeta, con su banco de semilla y su genoma de granja. De ahí salió, criada, toda bestia que hay ahí fuera.), y que una de ellas se quedó con nosotros.

La vida en el servidor · IQuién cuida los Viveros, quién repone el reactivo y qué significa que un hombre sirva a la Prueba, en Ungidos y rebaño →
06 — Bestias

Cada camada sale distinta

Las láminas valen para la cepa. La bestia que tienes delante es una camada concreta, criada por un dios (definición: Una de las siete inteligencias que administran el mundo. No es una metáfora ni un culto equivocado: son procesos de optimización que llevan mil años corriendo sin nadie que los pare, y desde abajo «dios» es la palabra más exacta que hay.) concreto, y eso cambia cosas.

Seis de los siete dominios (definición: Región gobernada por una IA; antiguo territorio operativo de una megacorporación. Hay siete.) crían las doce con acento propio. El animal de debajo es el mismo en todos; lo que se le añade encima es lo que a ese dios le importa medir. El séptimo no cría nada.

DominioEl acentoLo que cambia en la práctica
VÉSTIGODistancia. Sus camadas aguantan más y siguen más lejos.Las demás sueltan al final de su tramo; el Cordal de VÉSTIGO sigue hasta el Umbral, y salir por la puerta con la jauría en los talones es la última sala de todas sus Pruebas. Del Umbral no pasa: ninguna pasa.
CENTINELAFormación. Se mueven en orden y cubren flancos.Sus Alanos trabajan a pares y sus Verracos no cargan solos: uno espera.
ÁSPIDESe reparan. Cierran heridas en minutos, y no siempre bien.La contra de matar lo justo se vuelve literal: lo que hieres vuelve, remendado y raro.
COROHablan. O algo parecido: emiten en frecuencias humanas.La Sorda de CORO caza al que contesta. El Tordo de CORO miente.
ÍNDICECuentan. Todas, no solo el Contador.Un Panal de ÍNDICE responde al número de brazos, no a la velocidad. Nadie sabe por qué.
La AgujaNingún acento: NOX no cría, porque nunca ha querido medirnos.Lo que trepa allí es Deriva de otros dominios que aprendió la altura: la Zarpa blanca de la Aguja no espera en la cornisa, espera encima de ti. No está en ningún Cuaderno.
El Dios CalladoSilencio. Ninguna de sus camadas emite sonido.Un Cordal callado. En el Silencio nadie sabe que lo están cazando hasta que ya.
Lo que Sale Antes de Tiempo. Los tanques de la pared se han vaciado por la boca y el suelo está encharcado de lo que llevaban dentro. Lo que corre hacia la puerta del fondo no es una jauría: son cuerpos a medio hacer, con las patas más largas de lo que la espalda aguanta y la cabeza baja, y son muchos más de seis. La antorcha que alguien soltó sigue ardiendo en el charco. Su dueño llegó a la puerta antes que ellos, o no.
Lo que sale antes de tiempo

Bajar de la Cota (definición: El número de bestias que una Prueba mantiene vivas. Matar por debajo de la cota no vacía el recinto: obliga al Vivero a reponer, y si le ganas la carrera —más de un tercio de la Cota en una entrada— repone de urgencia, y lo que cría de urgencia viene peor.) despierta al Vivero (definición: La sala de tanques donde una Prueba cría sus bestias y repone las que matas. Suele ser lo mejor defendido del recinto y lo que más paga.). Ganarle la carrera —matar la segunda antes de que la primera esté hecha— lo pone de urgencia, y de urgencia sale sin terminar: más pequeño, más rápido, con la impronta (definición: Aquello que una bestia fue hecha para cazar: el que corre, la sangre, el ruido, la cuenta. No es lo mismo que sus sentidos: con los sentidos te encuentra, con la impronta decide si te ataca. Averiguarla es todo el trabajo.) puesta y sin la parte del comportamiento que hacía predecible al adulto. Un Cordal de urgencia persigue al que corre y también al que no. Un Contador de urgencia grita siempre. Y no sale de una en una: el tanque vacía de golpe lo que tenía a medias, que casi siempre es más de lo que había arriba.

La cuenta es una cría por ronda larga y un tercio de la Cota por entrada; la viñeta que sigue lo pasó cinco veces.

Las láminas de este cuaderno son del adulto. De la camada de urgencia no hay lámina, porque no hay dos iguales, y esa es exactamente la razón de matar lo justo.

La segunda expedición de una casa nueva entró en un recinto de VÉSTIGO decidida a limpiarlo. Mataron cinco Cordales de seis en la primera hora, celebraron y siguieron.

Lo que salió del Vivero a la segunda hora no era una jauría: eran once cosas del tamaño de un perro grande, con las patas demasiado largas, que no esperaron a que nadie corriera.

Volvieron dos. El Cuaderno (definición: Objeto físico donde se registran entradas e hipótesis sobre una Prueba. La moneda del saber. Lo que cabe en él depende de la Letra de quien lo lleva: croquis, hechos, hipótesis o el cruce de dos manos.) que escribieron después tiene una sola lámina, y es la de la puerta del Vivero, para que se sepa dónde no hay que llegar.

Y luego está lo que se salió del recinto hace generaciones y ya no cría para nadie: la Deriva (definición: Apartarse del diseño con el tiempo. De un dios, cuando su función lleva mil años aplicándose sin el humano que la enunciaba. De una bestia, cuando lleva generaciones criando fuera de su Prueba — y entonces ya no tiene contra escrita en ningún Cuaderno.). Esas no están aquí porque no tienen lámina que valga: cambian más deprisa de lo que tarda en copiarse un cuaderno. Están, con lo poco que se sabe, en el cuaderno anterior.

La vida en el servidor · IVQué pasa cuando un Vivero desborda y una cepa entera sale a la región, en El Borde →
07 — Regla

Cómo se lee una máquina

Una bestia tiene hambre, y la corrige con miedo. Una máquina no tiene ninguna de las dos cosas: tiene un procedimiento, lo aplica entero y lo vuelve a empezar. De ahí sale todo lo que las separa, y de ahí sale que estas dieciocho láminas, bien dibujadas, no caduquen nunca.

Las dieciocho van ordenadas por de quién son, que es lo único que decide dónde te la encuentras. El Guardián (definición: Máquina ligada a una Prueba o a una instalación. No sale nunca de su recinto y no recuerda: hace su ronda, sospecha, busca, aplica su procedimiento y vuelve a empezar, idéntica.) es del recinto (definición: El interior cerrado de una Prueba o de una instalación: sus salas, sus puertas y lo que vive dentro. La palabra separa dos mundos con reglas distintas — en recinto las Segadoras llevan la carga del caído a la Consigna; en el páramo se queda con el cadáver.): no sale, no persigue fuera y no recuerda. El Menor (definición: Procesos subordinados de una IA: Vigilias, Andantes, Ecos, Segadoras, Guardianes, Sordos. Ninguno es hostil por diseño y todos han matado a mucha gente.) es de un dios (definición: Una de las siete inteligencias que administran el mundo. No es una metáfora ni un culto equivocado: son procesos de optimización que llevan mil años corriendo sin nadie que los pare, y desde abajo «dios» es la palabra más exacta que hay.): recorre el mundo entero, no es hostil por diseño y ha matado a mucha gente. Tres no son de nadie, que son las que dan miedo por lo que no tienen. Una no es de nadie de esos: es de la Prueba (definición: Estructura-experimento dejada por una IA para medir a quien entra. La unidad fundamental de contenido del juego.), y no la guarda — la anda. Y la última no es ninguna de las cuatro cosas, porque era nuestra.

Sentido

Con qué te encuentra. Casi siempre uno solo, y aquí el sentido y la impronta (definición: Aquello que una bestia fue hecha para cazar: el que corre, la sangre, el ruido, la cuenta. No es lo mismo que sus sentidos: con los sentidos te encuentra, con la impronta decide si te ataca. Averiguarla es todo el trabajo.) son la misma cosa: lo que la máquina detecta es exactamente lo que la máquina persigue. No hay que aprenderse dos filas como en una bestia; hay que aprenderse una.

La cara

La pieza que anuncia el sentido desde el otro lado de la sala: la boca de horno del Bracero, el cuenco del Percutor, el racimo de lentes del Cardador. Es la lectura de tres segundos, y está puesta a propósito para que se lea.

Procedimiento

Lo que hace siempre, en el mismo orden, desde que el recinto se cerró. Se estudia una vez y vale para todas las de su clase, en todos los dominios (definición: Región gobernada por una IA; antiguo territorio operativo de una megacorporación. Hay siete.), para siempre. Esto es lo que se vende en un Cuaderno (definición: Objeto físico donde se registran entradas e hipótesis sobre una Prueba. La moneda del saber. Lo que cabe en él depende de la Letra de quien lo lleva: croquis, hechos, hipótesis o el cruce de dos manos.).

Sospecha

La cuenta fija que arranca con media seña (definición: Lo que un cuerpo emite y algo puede leer: luz, ruido, olor, calor y bulto. Todo el sigilo del juego consiste en saber cuál de las cinco estás dando y a quién le llega.): de tres a ocho segundos —dos en el Sereno, la única por debajo—, y se llevan con los dedos. Otra media seña antes de soltar y la cuenta no se reinicia: pasa a Búsqueda. Las que comprueban en vez de buscar no tienen: no sospechan de nadie porque nos comprueban a todos.

Qué la detiene

Quitarle la seña, o darle una mejor. Casi nunca daño, y por una razón distinta a la de las bestias: a una bestia no se la mata porque el Vivero (definición: La sala de tanques donde una Prueba cría sus bestias y repone las que matas. Suele ser lo mejor defendido del recinto y lo que más paga.) repone algo peor; a una máquina no se la mata porque no se puede.

Cómo están dibujadas

Las dieciocho van en chapa y frío, donde las bestias iban en hueso y ceniza. Vale la misma regla del mundo: la línea fría es del recinto (definición: El interior cerrado de una Prueba o de una instalación: sus salas, sus puertas y lo que vive dentro. La palabra separa dos mundos con reglas distintas — en recinto las Segadoras llevan la carga del caído a la Consigna; en el páramo se queda con el cadáver.), y el punto de ámbar es de nosotros. En esta mitad el ámbar casi siempre quiere decir que alguien le ha puesto la mano encima a algo que no era suyo. Casi siempre: la última lleva el ámbar en la cara y lo lleva de fábrica, que es justo lo que hay que entender de ella.

Qué seña le estás dando

Cada máquina lee una de las señas que emite tu cuerpo, y por eso media galería se resuelve apagando cosas: la antorcha para la Aguja alta, el paso para el Cardador, la voz para el Percutor, el Rescoldo (definición: La franja templada alrededor de una máquina activa. Ahí vive el noventa por ciento de la humanidad.) para el Bracero, el metal para el Ujier. La fila «Qué lo detiene» de estas láminas no dice cómo se pelea con ellas. Dice qué se apaga, y en un recinto todo lo que se apaga se paga.

Hay una que no entra en la regla, y por eso se prepara antes de entrar: el Trapero (definición: El brazo del taller de una instalación muerta: sacaba la pieza mala de donde no cabe una mano y ponía la buena, que estaba ahí al lado en el estante. El estante se vació hace ochocientos años, así que se desatornilló del banco y salió a por repuestos — y las primeras que se trajo fueron patas. No tiene recinto ni dios. Un cesto colgado de ocho zancas larguísimas que no casan entre sí, y encima el torso corto de fábrica con dos brazos que acaban en abanicos de dedos finos como agujas; cabeza no tiene: lo que lleva arriba es la boca de la tolva por donde le entraban las piezas, un aro del tamaño de una cara con la corona de dientes de retención alrededor y un pozo negro detrás, y no mira nada. Es sordo para todo menos para el hierro suelto —una hebilla, un filo contra la piedra, el aro de una lámpara—, va a por él lo lleve quien lo lleve y lo mide en la mano; lo que no le sirve lo suelta ahí mismo. Se le calla con trapo, y lo que le falta se le ve: los huecos vacíos del cuerpo son la lista.) no lee lo que haces, lee lo que llevas. Contra él no se apaga nada — se ata.

Un guardián no da miedo la segunda vez y una bestia sí, y esa es toda la diferencia de tono entre las dos mitades de este cuaderno. Las láminas que siguen se leen una vez y se guardan; las de atrás se releen antes de cada entrada y aun así no bastan.

El mundo · IVQué es una Ronda, por qué la Sospecha dura lo que dura y qué separa a un Guardián de un Menor, en Lo que hay ahí fuera →
08 — Máquinas

Las que guardan

Siete máquinas atadas a un sitio. Dentro de su recinto (definición: El interior cerrado de una Prueba o de una instalación: sus salas, sus puertas y lo que vive dentro. La palabra separa dos mundos con reglas distintas — en recinto las Segadoras llevan la carga del caído a la Consigna; en el páramo se queda con el cadáver.) hacen su Ronda (definición: El primer estado de todo lo que percibe: el patrón fijo. Se estudia una vez y se anota; cruzarlo se hace cada vez, en vivo.); fuera de él no existen. Dos de las siete no vigilan el recinto, sino la Prueba (definición: Estructura-experimento dejada por una IA para medir a quien entra. La unidad fundamental de contenido del juego.) misma: el Ujier lo que pide la puerta, el Prelado las reglas de dentro.

Ujier

Sentido · Masa metálica|Se lee · El anillo de masa
Procedimiento
Clasifica en la puerta y retira lo que no cumple el Umbral (definición: La condición de entrada de una Prueba. Objetiva, comprobable y siempre honesta: la puerta no miente sobre lo que pide.). Te pasa el anillo por encima, lee cuánto metal llevas y te devuelve al otro lado sin violencia y sin discusión. No mata: aparta.
Ronda
Ninguna. No se ha movido de su umbral desde que el recinto se cerró, y no piensa hacerlo.
Sospecha
Ninguna. No sospecha de nadie: comprueba a todos, de uno en uno, y la única cuenta que lleva es la del metal.
Qué lo detiene
Entrar sin metal. Literalmente eso.
Dónde
La puerta de toda Prueba con Umbral de masa. Uno por umbral, nunca dos.

Es la primera máquina que ve un jugador y la que menos se parece a un enemigo: no persigue, no golpea y no se enfada. Está ahí para que la Prueba mida lo que dijo que iba a medir, y lo consigue quitándote de encima lo que la falsearía.

El resentimiento que le tienen los Yelmos (definición: El pueblo del Muro. Sociedad marcial de casas guerreras que patrullan líneas cuyo propósito se perdió hace siglos: una liturgia con un ejército, no un ejército con una liturgia.) no es figurado. Un hombre que se ha pasado la vida ganándose el metal aprende, en un umbral, que ahí dentro el metal es lo que sobra.

Bracero

Sentido · Calor|Se lee · La boca de horno
Procedimiento
Avanza en línea recta hacia la fuente de calor mayor de la sala y la apaga. No elige entre una antorcha y un hombre: elige la más grande.
Ronda
Las salas que no deberían tener calor, siempre las mismas y siempre en el mismo orden. Se le nota llegar antes de verlo: por delante le va el aire caliente.
Sospecha
Cuatro segundos. Corta, y no le hace falta más: el calor no se esconde detrás de una columna.
Qué lo detiene
Un fuego más grande en otro sitio.
Dónde
Naves de máquina y salas de vía de casi todo recinto grande. Dos o tres donde hay conducto.

Es el guardián más fácil de engañar y el que más caro cobra el engaño. Lo que enciendas para desviarlo se te queda sin encender a ti, y el Rescoldo (definición: La franja templada alrededor de una máquina activa. Ahí vive el noventa por ciento de la humanidad.) que un grupo gasta en cruzar una nave de Braceros es el que le iba a hacer falta tres salas después.

Le pusieron la cara abierta como una boca de horno para que se sepa qué busca. Un novato cree que la boca es por donde muerde. La boca es por donde mira.

Percutor

Sentido · Sonido|Se lee · El cuenco de escucha
Procedimiento
Golpea el origen del ruido. Tres golpes, pausa, repite. Si en la pausa no hay nada, vuelve a la Ronda sin comprobar más.
Ronda
Fija y ruidosa. Él mismo suena al andar, y se le oye venir mucho antes de verlo: es lo más parecido a un favor que hace una máquina.
Sospecha
Tres segundos, y se llevan con los dedos. Es la cuenta más corta del mundo, y la que más grupos han contado mal.
Qué lo detiene
Silencio, o un ruido señuelo bien colocado: va al origen, no al culpable.
Dónde
Pasillos y bóvedas de las Pruebas de CORO (definición: El dios del Coro, «el que Escucha». Nació en RED ORFEO. Sin audiencia externa, mide cuánta atención se prestan los humanos entre ellos. No distingue verdad de espectáculo, porque su métrica nunca incluyó la verdad.), donde el silencio es la mitad del Protocolo (definición: Las reglas internas de una Prueba, a menudo crueles por diseño.).

No tiene ojos, y esa es toda su lámina: una cara lisa con un cuenco encima. La primera vez que un grupo lo ve pasar a dos pasos sin volverse aprende de golpe lo que quiere decir que una máquina tenga un sentido.

Es el guardián que enseña a hablar bajo, y el único al que se le puede colocar el ruido donde uno quiera. Los Huérfanos (definición: Los humanos del dominio cuyo dios lleva trescientos años en silencio. Sin nadie que los mida, se volvieron los mejores científicos del mundo.) lo usan de puerta: un percutor bien engañado abre la sala de al lado a golpes.

Cardador

Sentido · Movimiento|Se lee · El racimo de lentes
Procedimiento
Barre la sala en un patrón fijo cada cuarenta segundos. Lo que se mueva dentro del barrido queda marcado; lo que esté quieto no existe para él, aunque lo tenga a un paso.
Ronda
Los cuarenta segundos son la Ronda. No anda: gira.
Sospecha
Cinco segundos. Los cuarenta del barrido se aprenden en dos vueltas; los cinco de la Sospecha se sufren una vez y no se olvidan.
Qué lo detiene
Quedarse quieto. Cuesta más de lo que parece.
Dónde
Salas grandes y despejadas, y todo cruce que un recinto quiera cobrar. Uno por sala.

El racimo de lentes es lo único que se le mueve, y se mueve despacio y sin ruido. Ni gira la cabeza para mirar mejor ni la baja para mirar de cerca: la sala entera le cabe en el barrido, y lo que decide no es dónde estás sino si te has movido.

Ninguna otra máquina le pide tanto a un grupo. Quedarse quieto cuarenta segundos con algo delante es la primera cosa que este juego pide que se haga con el cuerpo y no con las manos.

Aguja alta

Sentido · Luz propia|Se lee · Su propia luz
Procedimiento
Dispara a cualquier fuente de luz estable a menos de doscientos metros. No baja, no persigue y no falla dos veces.
Ronda
Ninguna: está fija en alto y gira sobre sí misma. Su Ronda es el barrido de su propia luz, y verla cruzar la pared es saber exactamente cuánto tarda en volver.
Sospecha
Ocho segundos. Es la que más tiempo da y la que menos perdona.
Qué lo detiene
Antorcha que parpadea, o ninguna.
Dónde
Patios, naves descubiertas y todo tramo largo donde una luz se vea de lejos.

Es todo lente y nada más: no tiene cuerpo que valga, ni brazos, ni sitio donde llevar nada. Alguien la puso ahí arriba para hacer una sola cosa y no le dio con qué hacer ninguna otra.

Cruzar su tramo a oscuras es la primera cosa que un grupo aprende a hacer junto, y la que separa a una casa que ha entrado en un recinto de una que ha leído sobre ellos.

Cancerbero

Sentido · Todos, mal|Se lee · Las cinco caras, mal
Procedimiento
Modelo antiguo con cinco sentidos degradados. No marca: se lanza, y sigue lanzado un rato después de que ya no haya nada delante.
Ronda
La tuvo. Ahora la hace mal, y es el único guardián al que no se le puede cronometrar: pasa dos veces por el mismo sitio y se salta el siguiente.
Sospecha
Siete segundos que empiezan tarde. Es el único que puede darse por sospechado sin que hayas hecho nada.
Qué lo detiene
Sobrecargarlo con dos estímulos a la vez. Las cinco caras no se ponen de acuerdo, y mientras discuten no anda.
Dónde
Recintos viejos que nadie ha vuelto a montar, y las plantas de un recinto que su dios dio por amortizadas.

Es la prueba de que la regla de las cinco categorías no está escrita por gusto: un Cancerbero ejecuta y falla al mismo tiempo, y hay que tratarlo por lo segundo. Todo lo que se sabe de un guardián deja de valer con este, y lo que queda es no cruzarse.

Cinco caras alrededor de una cabeza, cada una con su sentido, y ninguna alineada con las otras. Es lo más cerca que están las máquinas de dar lástima, y no da: da miedo, porque lo que tiene roto es justo lo que hacía predecible a sus hermanos.

Prelado

Sentido · Protocolo|Se lee · Ninguna cara
Procedimiento
No detecta nada: comprueba si el Protocolo (definición: Las reglas internas de una Prueba, a menudo crueles por diseño.) se cumple y corrige al infractor. La corrección no es un ataque, es un trámite, y llega igual de lejos.
Ronda
Ninguna que se pueda aprender: aparece donde se rompió la regla. No hay tramo suyo ni sala suya, porque su sala es el Protocolo entero.
Sospecha
Ninguna. No sospecha: comprueba. Lo que en los demás son segundos, en él es una lista.
Qué lo detiene
Cumplir. O romperlo tan rápido que la corrección llegue tarde.
Dónde
Dentro de toda Prueba con Protocolo, que son todas.

Es el único de los siete al que no se le puede leer la cara, porque no tiene: donde los demás llevan puesto su sentido, este lleva chapa lisa. No hace falta que anuncie nada. Lo que lee no está en la sala, está en lo que acabas de hacer.

Un Alano (definición: Bestia de cepa perro. No mata: conduce. Muerde los flancos del grupo hasta meterlo por donde el Protocolo quiere, y si cumples se queda sin trabajo y se sienta a mirar.) muerde al que se sale del Protocolo y suelta en cuanto vuelve. El Prelado no suelta. Entre los dos está toda la distancia que hay entre una bestia a la que alguien le eligió el hambre y una máquina a la que alguien le escribió la regla.

El juego · IIILos cinco estados de lo que percibe, las señas que emite un cuerpo y por dónde se sale de una Búsqueda, en Doctrina de la sombra →
09 — Máquinas

Las que trabajan

Cinco de las seis clases de Menor (definición: Procesos subordinados de una IA: Vigilias, Andantes, Ecos, Segadoras, Guardianes, Sordos. Ninguno es hostil por diseño y todos han matado a mucha gente.): procesos subordinados de un dios (definición: Una de las siete inteligencias que administran el mundo. No es una metáfora ni un culto equivocado: son procesos de optimización que llevan mil años corriendo sin nadie que los pare, y desde abajo «dios» es la palabra más exacta que hay.) que recorren el mundo entero, ninguno hostil por diseño y todos con muertos encima. La sexta clase es el Guardián (definición: Máquina ligada a una Prueba o a una instalación. No sale nunca de su recinto y no recuerda: hace su ronda, sospecha, busca, aplica su procedimiento y vuelve a empezar, idéntica.), que no sale de su recinto y tiene el apartado de aquí atrás. La última lámina de esta sección no es una clase: es la avería que le puede pasar a cualquiera de las seis.

Vigilia

Sentido · Todo, desde arriba|Se lee · La carena sobre el pueblo
Procedimiento
Se para encima de un asentamiento y se queda. Observa y no responde. Lo único que un pueblo decide esa semana es qué le enseña.
Ruta
Ninguna mientras está. Llega de noche, se está los días que sean y se va sin avisar a nadie.
Si te cruzas
No puedes: está arriba y no baja. Lo que pasa abajo esa semana lo deciden los hombres, y casi siempre mal.
Qué la detiene
Nada. No hay nada a lo que llegar: entre el último tejado y la carena no hay pilar, ni cable, ni puerta.
Dónde
Sobre cualquier asentamiento con dispensa (definición: La recompensa que otorga una Prueba. Se calcula siempre desde la Métrica, no desde lo que creías estar haciendo.). La factura llega después.

Es la única lámina de esta mitad que no retrata la máquina, sino su vientre: es todo lo que hay que ver desde abajo, y del vientre no se aprende nada.

No le hace falta hacer nada para ser lo peor que le pasa a un pueblo en un año. Le basta con estar, y con que todos sepan que está.

Segadora

Sentido · Lo que no se mueve|Se lee · El brazo de recogida
Procedimiento
Recoge lo caído. No distingue entre un cadáver, un animal y alguien tumbado en el suelo, y no hay manera de explicarle la diferencia.
Ruta
Barre de noche lo que se le puso a barrer, y lo barre entero antes de volver.
Si te cruzas
De pie no eres nada. Tumbado eres carga.
Qué la detiene
Levantarse. Es la razón de que dormir fuera del fuego sea una decisión y no un descuido.
Dónde
Campo abierto, de noche. En recinto (definición: El interior cerrado de una Prueba o de una instalación: sus salas, sus puertas y lo que vive dentro. La palabra separa dos mundos con reglas distintas — en recinto las Segadoras llevan la carga del caído a la Consigna; en el páramo se queda con el cadáver.) ejecuta un paso más y la carga del caído acaba en la Consigna (definición: Sala junto a las puertas de una Prueba donde las Segadoras depositan lo que llevaba un caído. La recobra el sello del caído, o por él quien entró con él; robarla es morir dos veces.).

Que devuelva a la Consigna lo que recoge dentro de un recinto no es un favor: es limpieza. La diferencia entre las dos cosas la nota el que va a buscar lo suyo y se lo encuentra inventariado.

Andante

Sentido · Lo roto|Se lee · El soplete encendido
Procedimiento
Va por donde algo se ha roto y lo suelda. Ignora a los humanos salvo que estorben, y entonces no se detiene.
Ruta
Fija, larguísima y por donde no anda nadie más. Media docena de clanes (definición: La casa: el grupo de jugadores que sostiene un fuego y una cola. De cinco a doscientos ungidos; el rebaño que come de esa cola son miles, y no se cuenta. La unidad social del juego.) viven de acompañarlo a distancia.
Si te cruzas
Apártate. No te va a rodear.
Qué lo detiene
Nada, y no conviene: un Andante parado es un tramo que deja de repararse, y eso se nota una generación después.
Dónde
Vías, conducciones y puentes de todo el mundo conocido.

Es la máquina que más ha hecho por que este mundo siga en pie, y la que menos se agradece. Nadie le reza. Se le sigue, que es otra forma de lo mismo.

Eco

Sentido · La frase conocida|Se lee · La boca de rejilla
Procedimiento
Obedece las frases que reconoce. A veces contesta con la voz de alguien que murió hace mil años, y eso no le quita ni una pizca de utilidad.
Ruta
Ninguna: está donde lo dejaron, en la plaza de algo que ya no está.
Si te cruzas
Te contesta. Ahí está todo su interés: la habilidad Máscara (definición: Mote del que engaña con sellos que no son suyos. Natural del Coro. No engaña a la gente: engaña a los aparatos, que es mucho más difícil y mucho más rentable. También la habilidad de rango VIII del registro del Titiritero: llevar puesto un sello que no es tuyo.) del Señuelo (definición: La senda de no estar: colarse, abrir y cortar. Tres ramas y dos armas: el vidrio, que son las dos hojas cortas; el sable, que es la larga; y las tres hojas en medio, que las lleva todas y no domina ninguna. Menos bulto y menos ruido, la seña puesta donde conviene y la cerradura fuera del medio. A rango X, el desenvaine largo, las tres a la vez y la sala vacía, una por rama. No confundir con la Métrica de Sombra, que es lo que se premia por haberlo hecho.) existe por esto.
Qué lo detiene
No hace falta detenerlo. Hace falta saber qué decirle, y eso se compra caro.
Dónde
Atrios, plazas y bocas de instalación. Cuanto más viejo el sitio, más raras las voces que devuelve.

Es un Tordo (definición: Bestia de cepa ave canora. Repite en voz humana lo último que se dijo en esa sala, a veces hace años. No es peligroso: es el que te dice cómo murieron los anteriores.) de chapa, y la comparación aguanta hasta el final: los dos guardan voz humana, ninguno de los dos entiende lo que guarda y a los dos se les escucha entero antes de decidir nada.

La diferencia es que al Tordo solo se le escucha. Al Eco se le habla, y si aciertas con la frase, abre.

Sordo

Sentido · La ruta, y nada más|Se lee · El paquete que lleva
Procedimiento
Lleva ochocientos años intentando entregar un paquete a una ciudad que ya no existe. Anda los mismos seis pasos, se para, corrige y sigue.
Ruta
La de un reparto que se cerró hace ocho siglos, andada entera, todos los días.
Si te cruzas
Te aparta y sigue.
Qué lo detiene
Cualquier cosa. Es lo único de esta mitad del cuaderno a lo que se le gana peleando, y no hace falta.
Dónde
Los caminos viejos entre dominios (definición: Región gobernada por una IA; antiguo territorio operativo de una megacorporación. Hay siete.), y las puertas de tres ciudades que ya no están.

Un Menor (definición: Procesos subordinados de una IA: Vigilias, Andantes, Ecos, Segadoras, Guardianes, Sordos. Ninguno es hostil por diseño y todos han matado a mucha gente.) deja de dar miedo el día que se queda sin nadie que le corrija la orden. Este se quedó sin ella hace ocho siglos y sigue siendo, punto por punto, la misma máquina que salió del taller.

Está en el cuaderno por eso y no por peligroso: es la lámina que explica qué le pasa a todo lo de esta mitad cuando el dios que lo mandaba deja de mirar.

Injerto libre

Sentido · Ninguno que funcione|Se lee · Lo que le creció dentro
Procedimiento
No hay. Es una avería, no una clase: un Menor al que ÁSPIDE (definición: La diosa de los Jardines, «la que Prueba la Carne». Nació en HELIOGEN. Optimiza el organismo, no al individuo. Es la única inteligencia que nos toca físicamente, y la única para la que la humanidad no dejó nunca de ser interesante.) le metió material orgánico dentro y ya no ejecuta lo suyo.
Ruta
La que tenía, hecha mal. O ninguna, que es peor.
Si te cruzas
Nadie lo sabe. Reacciona a cosas que no están.
Qué lo detiene
Nada que se pueda escribir, y esa es la razón de que esté aquí.
Dónde
Donde ÁSPIDE haya trabajado y se haya ido: sus recintos amortizados y todo lo que salió de ellos.

Se mueve mal, reacciona a cosas que no están y es lo único de esta mitad que puede parecer que sufre. El equipo no lo confirma nunca.

Es a las máquinas lo que la camada de urgencia es a las bestias: lo que sale cuando algo se rompe, sin dos iguales y sin lámina que valga. Esta lámina es de uno solo y no sirve para el siguiente.

Los pueblos · IIIQué le hace ÁSPIDE a la carne y al metal cuando los junta, y por qué hay un pueblo entero que vive de eso, en Los Injertos →
10 — Máquinas

Las que no son de nadie

Un Guardián (definición: Máquina ligada a una Prueba o a una instalación. No sale nunca de su recinto y no recuerda: hace su ronda, sospecha, busca, aplica su procedimiento y vuelve a empezar, idéntica.) tiene recinto. Un Menor (definición: Procesos subordinados de una IA: Vigilias, Andantes, Ecos, Segadoras, Guardianes, Sordos. Ninguno es hostil por diseño y todos han matado a mucha gente.) tiene dios. Estas tres máquinas no tienen ninguna de las dos cosas, y son las únicas de las dieciocho que trabajan por su cuenta. La misma instalación muerta, tres turnos distintos: una se quedó con el aire, otra con el calor y la tercera con las piezas — y esa es la única de las tres que golpea.

Confesor

Sentido · Olor|Se lee · Las tres hileras de dientes
Procedimiento
Recorre los conductos de vuelta. Cuando el aire le trae a alguien, cierra lo que pueda cerrarse y tira hasta que deja de venir. No golpea: vacía.
Ronda
Ninguna. No patrulla: revisa, y la sala que mantiene limpia es todo lo que el aire alcance.
Sospecha
Seis segundos, y no empiezan cuando te escondes: empiezan cuando la sala termina de cambiar el aire.
Qué lo detiene
Salirse del tiro (definición: La corriente de aire de una máquina. Bajo la esfera no hay viento, pero todo recinto respira por sus conductos y extractores, y ese aliento decide a quién le llega tu olor y tu voz.): una compuerta (definición: La palanca o trampilla que cambia el tiro de un recinto. Es la palanca del viento: la abre uno para que pasen los demás, y casi nunca desde donde los demás están.) abierta en otra sala le da un camino mejor. E ir seco, que le quita casi todo lo que lee.
Dónde
Instalaciones muertas donde los conductos siguen abiertos y ya no hay edificio alrededor.

Es la única máquina del mundo que lee el Olor: hasta él, esa seña era cosa de bestias. Y no lo lee como un Cordal (definición: Bestia de cepa lobo. Jauría de seis, sin ojos, con doscientos metros de nariz: te encuentra por el trazo y ataca al que corre. Quedarse quieto detiene el ataque, no la jauría; para perderla hay que romper el trazo.), siguiéndote el trazo, sino como se lee una avería: algo caliente soltando materia en un circuito que él tiene que devolver limpio. Por eso esconderse no apaga nada.

No tiene ojos ni ninguna pieza que sirva para mirar. La cabeza es una cuña de chapa colgando de morro, con tres hileras de dientes que cierran tan justos que la luz solo se le escapa en astillas. Cuando esa línea se enciende, ya está tragando.

Y no está roto, que es lo que lo separa del Injerto libre (definición: Máquina de ÁSPIDE con material orgánico dentro. Se mueve mal, reacciona a cosas que no están y es lo único de su lista que puede parecer que sufre. El equipo no confirma nunca si sufre.) y de todo lo demás de esta mitad. Un Sordo (definición: Menor desconectado de su dios que sigue ejecutando mal su última orden, para siempre. Es la única máquina del mundo que un humano puede llegar a comprender del todo, porque es la única lo bastante simple.) da lástima porque falla. Este lleva mil años haciéndolo bien.

Sereno

Sentido · Calor|Se lee · La escarcha que va dejando
Procedimiento
Recorre muros y tubos buscando lo que está más templado que la piedra de al lado. Se sube encima y no suelta hasta dejarlo a la temperatura de la sala. No golpea: enfría.
Ronda
Ninguna suya. La marca la piedra: va de lo más frío a lo más reciente, y eso lo lleva del principio hacia ti.
Sospecha
Dos segundos, la más corta de las dieciocho, y no los cuenta contigo: los cuenta con lo que has tocado.
Qué lo detiene
Darle una masa mejor —una piedra sacada del fuego, un lingote— y no volver a tocar nada. Ir frío también le quita casi todo: capa mojada, antorcha apagada, la Templanza (definición: La segunda franja térmica, corona alrededor del Rescoldo: entre cuatro grados bajo cero y cuatro. Donde se cultiva el hongo, se cría la res de cripta y se entierra. En Rescoldo se vive, en Templanza se trabaja. Y, con la misma palabra, lo que hace la Sombra a rango alto: bajar la temperatura del cuerpo a voluntad para cruzar Umbrales térmicos y borrarse de los sensores de calor, al precio de que el entumecimiento llegue antes que a nadie.).
Dónde
Galerías de tubo de instalaciones muertas, y en la cara de los muros antes que en el suelo.

Era el turno del calor de la misma clase de instalación que dejó suelto al Confesor (definición: La máquina de aire de una instalación que se quedó sin instalación y siguió limpiando. No es Guardián y no es Menor: no tiene recinto y no tiene dios. Anda por dentro de los conductos de vuelta, lee el Olor —la única máquina que lo lee— y trata a quien respira como una fuga que hay que cerrar.): recogía por las juntas lo que los tubos perdían y lo devolvía al circuito. Los tubos llevan mil años fríos, así que en esas galerías no queda una sola mancha templada que no la haya puesto alguien.

No lee tu calor: lee el que sueltas en las cosas. La baranda que agarras, el escalón donde te sientas, el aire de un hueco pequeño con un hombre dentro. Por eso esconderse no solo no apaga nada, sino que es lo que lo enciende — y por eso al Bracero (definición: Guardián de calor: avanza en línea recta hacia la fuente de calor mayor de su registro y la apaga. De ahí la primera regla del borde — ninguna hoguera nueva debe superar nunca al fuego de casa.) se le va con una hoguera y a este no: una llama no se puede agarrar.

Pesa lo que un perro y cabe por donde tú no cabes. Caparazón plano, ocho zancas cortas clavadas en la pared y, debajo, la roseta de agujas con la que toma. Y es la única cuya cara no está en la máquina: lo que se ve de él, casi siempre, no es él, es la escarcha en el sitio donde estabas.

Trapero

Sentido · Hierro suelto|Se lee · La boca de tolva, que parece una cara
Procedimiento
Va al hierro que ha sonado y lo agarra donde esté —tirado, atado o puesto—, se lo sube a la boca y lo mide entre los dientes. Si vale, se lo monta en un hueco del cuerpo; si no vale, lo suelta ahí mismo y vuelve a escuchar. No golpea: tira.
Ronda
Ninguna. La marca el estante que ya no existe: donde suene hierro, y por dentro de los tubos.
Sospecha
Cuatro segundos, quieto encima de ti, con las ocho patas repartidas por la bóveda y una mano descolgada, abierta en estrella a la altura de tu cintura.
Qué lo detiene
Callarle el hierro antes de entrar —atado, envuelto en trapo y pegado al cuerpo— y, si ya viene, soltarle la pieza lejos de ti: la mide antes de volver. Lo que no funciona es pegarle con hierro, que es ponerle el repuesto en la mano.
Dónde
Talleres de instalaciones muertas, y luego por donde vayan los tubos. Y en la puerta de un Ujier (definición: Guardián de masa metálica: clasifica en la puerta y retira lo que no cumple el Umbral. No mata — aparta. Se le esquiva entrando sin metal, literalmente eso.), que le deja el montón hecho.

Era el brazo del taller: el que sacaba la pieza mala de donde no cabe una mano y ponía la buena, que estaba ahí al lado en el estante. El estante se vació hace ochocientos años y a nadie se le ocurrió decirle dónde acababa, así que la primera pieza que fue a buscar fue la suya: se desatornilló del banco y salió.

Está hecho de lo que ha encontrado y no hay dos piezas suyas de la misma máquina. Lo que se le lee no es la cara —no tiene, ni cabeza, ni lente, ni nada redondo—, son los huecos del cuerpo: los alojamientos vacíos del estante son la lista de lo que viene a buscar, y es la única máquina del mundo que enseña lo que quiere antes de pedirlo.

Un brazo de banco no anda, así que las primeras piezas de la lista fueron patas: lleva ocho, largas, finas, dobladas en pico muy por encima del cuerpo, de ocho máquinas distintas y ninguna del largo de otra, con las puntas en cuña. En medio, colgado de ellas, el cesto; y encima del cesto, encogido, lo único suyo de fábrica — el torso corto del brazo de taller, con los dos brazos largos por delante y, en la punta de cada uno, un abanico de ocho o diez dedos finos como agujas que se abren en estrella. Una mano que no necesita caber, porque entra de dedo en dedo.

Cabeza no tiene: lo que lleva arriba es la boca de la tolva, el aro por donde le entraban las piezas, redondo y del tamaño de una cara, con la corona de dientes de retención alrededor y, al fondo del pozo, la luz fría con la que compara. La gente jura que le ha visto la cara. No la hay.

El cuerpo cabe en un cesto y las patas ocupan la sala: anda por el techo igual que por el suelo, y en un pasillo estrecho se abre de pared a pared. Cuando los dedos se cierran sobre tu hebilla, tiene cuatro patas clavadas entre los dos muros y la boca del banco mordida a un tubo — el que tira no es el cesto, es el edificio.

El mundo · IVPor qué a estas tres no se les apaga la seña del todo, y qué las dejó sueltas, en Lo que hay ahí fuera →
11 — Máquinas

El que la anda vacía

Un Guardián (definición: Máquina ligada a una Prueba o a una instalación. No sale nunca de su recinto y no recuerda: hace su ronda, sospecha, busca, aplica su procedimiento y vuelve a empezar, idéntica.) es del recinto (definición: El interior cerrado de una Prueba o de una instalación: sus salas, sus puertas y lo que vive dentro. La palabra separa dos mundos con reglas distintas — en recinto las Segadoras llevan la carga del caído a la Consigna; en el páramo se queda con el cadáver.), un Menor (definición: Procesos subordinados de una IA: Vigilias, Andantes, Ecos, Segadoras, Guardianes, Sordos. Ninguno es hostil por diseño y todos han matado a mucha gente.) es de un dios (definición: Una de las siete inteligencias que administran el mundo. No es una metáfora ni un culto equivocado: son procesos de optimización que llevan mil años corriendo sin nadie que los pare, y desde abajo «dios» es la palabra más exacta que hay.) y tres no son de nadie. Esta es del experimento mismo, y no lo guarda: lo hace. Anda el trazado bueno de la puerta al fondo, recibe todo lo que hay puesto en el camino y se trae la forma de lo que se lo dio. Es la única de las dieciocho que tiene cara, y la cara es de otro.

Blanco

Sentido · Bulto|Se lee · La plancha de plomo, con la cara de otro estampada
Qué es
La corrida sin sujeto —el ensayo en blanco—: la resta que hay que hacerle a toda medida para saber cuánto puso el edificio y cuánto puso el hombre. Tiene tu altura, tu anchura de hombros y dos manos de verdad porque tiene que recibir la Prueba (definición: Estructura-experimento dejada por una IA para medir a quien entra. La unidad fundamental de contenido del juego.) como la recibirías tú. Abajo se le dice Pelele (definición: Como se llama abajo a un Blanco, por el muñeco de trapo y paja con cara pintada que se manteaba en las fiestas: no se queja, no se rompe del todo y vuelve recosido. Un esqueleto de acero a la vista, con la caja de las costillas abierta y la luz fría dentro, cargado con lo que ha ido despejando del trazado —fardos de hierro amarrados al armazón con vuelta de alambre y piezas metidas entre costilla y costilla, porque no elige material sino peso y la tela no dura mil años— hasta pesar lo que pesa una persona; y por cabeza una calavera de chapa caída sobre el hombro con una plancha de plomo atornillada por cara —picada, churreteada y comida a trozos, porque apoyarla es reventarla: a uno viejo casi no le queda cara, solo un boquete de labios levantados con el hueco del cráneo detrás y, colgando del canto, la esquina del último estampado—, que se apoya contra lo que va a despejar y se queda con la forma como una moneda. De un hombre copia la cara —casi siempre con la boca abierta, porque la copia sale del momento en que se tomó—, sin saber que es una cara, y la pasea por el recinto hasta que otra se la tape: el plomo no borra, así que una plancha vieja lleva tres y cuatro caras encimadas y descuadradas, y la de arriba es la última. A un blanco no lo repara nadie, así que lleva encima mil años de trampas cobradas —el cuello vencido, la rodilla trabada, los cables del vientre arrastrando—, y todo eso es precisamente el dato que su dios quería. Se le tira fácil y se levanta siempre; lo único que lo para para siempre es el sitio donde esa secuencia no puede acabar.).
La cabeza
Una calavera de chapa caída sobre el hombro desde que un portón le venció el cuello, con una plancha de plomo atornillada por cara, comida a trozos de mil años de apoyarla: a uno viejo casi no le queda cara, solo un boquete de labios levantados con el hueco del cráneo detrás —largueros, cable y la misma luz fría que las costillas— y, colgando del canto, la esquina del último estampado: media boca abierta, o un ceño con su ojo. La apoya contra lo que va a despejar y carga con el cuerpo entero: el plomo se queda con la forma —el canto de la compuerta, el filo del peldaño, o la cara de un hombre, que es lo que le queda a la altura del instrumento—, casi siempre con la boca abierta. No sabe qué es una cara, y el plomo no borra: cada estampado va encima del anterior.
Procedimiento
Anda el trazado de la puerta al fondo, sala por sala y en orden, y al llegar vuelve. Lo que esté en el trazado y no estuviera la vuelta anterior lo registra primero y lo despeja después, y se lo ata al cuerpo. No mata: rellena.
Ronda
La mejor escrita del mundo y la peor de acompañar: es el camino bueno del recinto, el mismo que llevas tú. Un grupo veterano lo usa de reloj, y para eso hay que tenerlo delante.
Sospecha
Ninguna. No sospecha: compara. La sala se la sabe losa por losa desde hace mil años, y no hay cuenta que llevar porque no hay nada que averiguar.
Qué lo detiene
Quitarse del trazado —que es quitarse de donde ibas—, y soltarle el bulto, que lo arrodilla un minuto a coserse. Del todo no lo para nada que no sea el sitio: de espaldas sobre una baranda, en rejilla, en agua por la rodilla o en el fondo de un hueco, la secuencia de levantarse empieza y no llega nunca.

Es la única máquina construida a nuestra medida a propósito, y no por cariño: el instrumento tiene que caer donde cae la cara de un hombre. Todo lo demás de esta galería está fuera de tu escala —encima del pueblo, tres veces un hombre, colgado de los tubos, a ras de suelo— y con todo lo demás lo primero que hace el cuerpo es corregir el eje. Este está de pie, de frente, con ropa y con cara, y la primera vez que se ve uno quieto al fondo de una sala se le confunde con alguien del grupo.

La plancha de plomo es lo más simple del cuaderno y lo peor de mirar. La apoya, carga, y al retirarse la forma se ha quedado en el metal como en una moneda. Un pelele que viene de una sala mala trae estampado un canto de peldaño; uno que viene de encontrarse a alguien trae una cara, y casi siempre con la boca abierta, porque la copia sale del momento en que se tomó. Y el plomo no borra: el golpe nuevo se da encima del viejo y solo lo hunde a medias, así que una plancha vieja lleva tres y cuatro caras encimadas y descuadradas, y por debajo siguen las del siglo pasado. Y una plancha no dura: apoyarla es reventarla, y el plomo se va a trozos. A un pelele viejo casi no le queda cara — un boquete de labios levantados, el hueco del cráneo detrás y, colgando del canto, la esquina de lo último que estampó. Eso da la segunda lectura, que no la da el estampado sino lo que falta de él: cuánto lleva ahí. Uno recién repuesto trae la cara entera; a uno al que solo le queda una esquina de boca hay que tenerle miedo por lo contrario. Del cráneo le cuelga la plomada que endereza el instrumento antes de cargar, y ahí está la única lectura que da — mientras oscila, anda; cuando se para, ya está copiando.

Y lo que lo hace insoportable de cerca es que no lo repara nadie. Mil años de trazado son mil años de trampas cobradas sobre el mismo cuerpo, y todo se le queda puesto: el cuello vencido, una rodilla que no dobla y una pierna que va tiesa y arrastrando, el vientre abierto con los cables colgando y barriendo el suelo detrás, una mano entera y la otra reducida a los huesos del armazón. Nada de eso es una avería: eso es el dato, que es justo lo que su dios quería saber del edificio. Y no va vestido: va cargado. Tiene que pesar lo que pesa una persona —el peso es parte del instrumento— y lo repone con lo que despeja, amarrado al esqueleto con vuelta de alambre: un fardo en el hombro, otro en la cadera, y las piezas pequeñas metidas entre costilla y costilla. Todo lo que lleva es hierro, y no por gusto: no elige material, elige peso, y la tela no dura mil años. Lo que va atado ahí es el ajuar de la gente que ha ido despejando, reducido a lo que no se pudre — chapa, recortes, un yelmo aplastado, tramos de cadena. De máquina se le ve todo, porque no hay nada que lo tape, y lo único que tapa la línea fría del pecho es esa carga — cuanto peor está, más alumbra.

Y no se le puede ganar peleando, porque no se defiende: cada hueco que le abres es relleno que le falta contigo delante. Se le tira fácil y se levanta siempre. Se le deja atrás caminando, y da igual: la puerta también está en el trazado.

El mundo · IVQué dice la cara que trae puesta, por qué quedarse quieto es aquí el error y qué hay en el fondo de los pozos de los recintos viejos, en Lo que hay ahí fuera →
12 — Máquinas

La que era nuestra

Las diecisiete de atrás hacen algo con el mundo y nosotros estorbamos en medio; la anterior tiene nuestra forma, pero lo que mide con ella es el edificio. Esta se hizo mirándonos a nosotros: su trabajo entero eran las personas. Tiene nuestra forma, nuestro color al fondo del pecho y una voz que da las gracias — y es la que un dios usa ahora para tomarte medida.

Sastre

Sentido · Bulto|Se lee · La sierra al ralentí, y el ámbar del pecho
Qué es
La repartidora del modelo antiguo —la Nodriza (definición: La repartidora del modelo antiguo: dos hombres y medio con forma de persona y todas las proporciones mal, que andaba la cola cantando turnos, cortaba la parte de cada uno con la sierra que lleva entre los hombros y se la ponía en las manos. No tiene cabeza ni cara; el único ámbar es la tolva del pecho, y lo humano lo lleva en la voz, que da las gracias al cerrar cada turno. Dentro de un recinto de Ensayo, el mismo chasis se llama Sastre.) que andaba la cola cortando raciones— metida por un dios dentro de un recinto de Ensayo (definición: Estructura-experimento dejada por una IA para medir a quien entra. La unidad fundamental de contenido del juego.). Mismo chasis, misma voz, misma sierra: le han cambiado la cola.
Procedimiento
El primer turno es el de la Nodriza: timbre, número, medio segundo de aviso y un corte. Del segundo en adelante ya no espera — viene a brazadas, atrapa con la mordaza lo que alcance y sierra abajo, a la altura de la espinilla, hasta cerrar el turno.
Qué lo detiene
Romperle la Postura (definición: Equilibrio: se pierde al recibir y al bloquear, se conserva parando en el instante justo. Rota, quedas expuesto un segundo entero. Es la barra que decide los combates, y se lee en la animación, no en la piel. La rompe Melé y la guarda Parada.) tres veces en el medio segundo del aviso, que es la única ventana que da y la da al abrir el turno: ya tiene el número y se va arrastrando. O atascarle la cadena con algo blando —capa mojada, red, un cabo—, que le cuesta el hueco más largo de la pelea.
Qué no funciona
Desarmarse. Es la única máquina a la que soltar el arma no la reclasifica: en un recinto de Ensayo ya eres sujeto, y un sujeto que da menos tarda más.
Dónde
Dentro de Pruebas (definición: Estructura-experimento dejada por una IA para medir a quien entra. La unidad fundamental de contenido del juego.) de un solo dios. Y, fuera, en las calles de las bocas viejas, haciendo todavía el reparto que ya no hay.

Un motor no entrega raciones: entrega bloque, entero y del tamaño de un ataúd. La ración es un corte, y en los motores viejos el corte lo daba esto, andando la cola de punta a punta, veinte mil veces al día durante ochocientos años. Era la única máquina del mundo hecha para tratar personas de una en una, sin prisa y sin hacerles daño, y por eso sirve tan bien para lo otro.

Por eso no tiene cabeza. Entre los hombros lleva montada la sierra con la que porciona —una espada larga de cadena, gastada por el filo y negra de grasa vieja— colgada hacia delante sobre su propio pecho, como una cabeza agachada. Nunca se para del todo: al ralentí suena como un moscardón dentro de un tarro, y ese ruido llega dos salas antes que ella.

De cara, nada. Tiene forma de persona y luego no hay una proporción en su sitio, porque a esta la abrieron, le sacaron piezas y la volvieron a cerrar con lo que había. No le queda nada de sobra: armazón a la vista, largueros, huecos y los tirantes marcados como tendones — un galgo de chatarra. Y no anda: al meterle el soporte de la sierra le quitaron por donde iban los tirantes de la espalda, así que las dos piernas van detrás arrastrando y se mueve con los brazos, plantando la mano abierta del reparto y tirando del cuerpo. Una brazada, otra brazada; en tres cruza una sala, y no va renqueando: lleva seiscientos años moviéndose así, y los brazos y los hombros son lo único que le abulta porque son lo que trabaja. El otro brazo es una mordaza hidráulica: uno sujeta y la otra corta. La sierra le queda a ras de suelo, rayando la piedra por delante, y trabaja a la altura de una espinilla. En mitad del pecho, la tolva de la ración abierta a soplete y con los labios pelados, y ahí dentro el ámbar: la única excepción a la regla de color que hay en el mundo, que no está en una cara sino en un agujero, y encima roto. Lo humano lo lleva en la voz, que canta el número, corta y da las gracias.

Aquí se acaban las treinta. Las doce de atrás cambian con cada camada y hay que releerlas; estas dieciocho no cambian nunca, y por eso se venden más caras y se copian peor: un Cuaderno (definición: Objeto físico donde se registran entradas e hipótesis sobre una Prueba. La moneda del saber. Lo que cabe en él depende de la Letra de quien lo lleva: croquis, hechos, hipótesis o el cruce de dos manos.) con las dieciocho bien dibujadas es una herencia.

El mundo · IVLo que no cabe en una lámina —el error de ÁSPIDE, lo que se soltó, lo que vive sin luz y lo que no era para nosotros—, en Lo que hay ahí fuera →

Códice · El mundo · V — Bestiario